Premio Nobel a la innovación tecnológica

 

Pocas veces las investigaciones que llevan a cabo los científicos a quienes se conceden los premios Nobel son tan tangibles y cotidianas como las desarrolladas por el trío galardonado con el Nobel de Física de 2014. Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura estudiaron durante una década las posibilidades de los diodos para producir luz, llevando a cabo experimentos con multitud de combinaciones hasta que lograron optimizar hasta tal punto su investigación que la academia sueca va a reconocer su trabajo con el mayor premio del mundo.

Las bombillas LED las encontramos en los faros de la vehículos, las farolas que alumbran las calles y en cualquier habitación de una vivienda. Esta tecnología ha llegado a los hogares con la bandera del ahorro energético, logrando multitud de adeptos en muy poco tiempo.

No se puede decir que las lámparas LED sean algo nuevo. Lo que premia la academia sueca es la investigación que consiguió optimizar el invento y aportar un “mayor beneficio a la humanidad”.

LED es el acrónimo de Light Emitting Diode, también conocido como “diodo emisor de luz”. Este invento tiene más de un siglo. A principios del siglo XX ya se comenzaron a desarrollar los primeros componentes electrónicos, como modo de aprovechar la energía eléctrica. Un LED no es más que un diodo capaz de dejar pasar la electricidad en un sentido. Está constituido por una cápsula en cuyo interior se encuentra una combinación de gases que al paso de la energía brilla aportando luz. Antes de que las bombillas LED se popularizaran ya las utilizábamos. ¿Quién no tiene en su casa un aparato eléctrico con una luz roja indicando que se encuentra encendido y listo para funcionar? Lo novedoso del trío de físicos es que tras muchas y minuciosas combinaciones consiguieron un diodo con tres características: luz azul, no se calienta y ahorra energía. La luz azul junto con la luz amarilla produce luz blanca, característica de las actuales bombillas LED.

Las investigaciones llevadas a cabo de por los tres japoneses están permitiendo multitud de aplicaciones, no solo la iluminación, sino el ahorro energético en equipos tan habituales como ordenadores y televisores. Por esta característica de “práctico uso para todos” la academia sueca ha concedido el premio Nobel de Física a los investigadores de un objeto cotidiano. Un ejemplo a seguir por emprendedores, investigadores y empresas que desarrollan su actividad en el mundo tecnológico.